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lunes, 23 de noviembre de 2015

EL RINCÓN DE LA BILIS: Sobre Logros, Trofeos y demás mamonadas

Un sistema de recompensas que premiara  la pericia del jugador y que, además, pudiera llegar a suponer un incentivo para aumentar la rejugabilidad de algunos títulos, fue implementado por primera vez en la pasada generación. En concreto fue Microsoft y su Xbox 360 la compañía que, en 2005 y con sus sistema de "logros", implantó esta tendencia que -según parece- ha llegado para quedarse. Posteriormente, en 2008, Sony reprodujo el modelo de Microsoft con su sistema de "trofeos". Steam y otras plataformas -excepto hasta el momento Nintendo, verso libre eterno-, fueron detrás.

Yo compré una Xbox 360 el 1 de noviembre de 2008 (qué bien viene guardar los tickets para dar estos datos tan precisos como inútiles) y, si bien me percaté de esos mensajes que aparecían en la esquina de la pantalla, nunca les concedí demasiada importancia. ¿Logro desbloqueado?, ah, pues bien.

Fue tras mi salto a la comunidad playstationiana con ps4,  el 27 de junio de 2014 (benditos tickets), cuando comencé a fijarme en este tema. "Trofeos" se llamaban aquí. Lo primero que observé es que eran de distintos colorines: bronce, plata y oro..., ah, no, había otro, "Platino"..., vaya, ese debía ser el gordo. Pero, bueno, no fui mucho más allá. Tampoco tenía muy claro porqué me los estaban dando, así que, bueno, ahí estaban. Realmente no fue hasta finales de aquel verano cuando, en un movimiento derivado de mi galopante crisis cuarentona y en busca de la juventud perdida, comencé a meterme en foros, grupos y comunidades "Gamer".

Y fue allí donde comencé a leer sobre un personaje que me fascinó: "El Caza Trofeos". Mi interés trascendió del mundo del videojuego para instalarse en el terreno de la más estricta antropología. Parecían jugadores normales, quizás un poquito más competitivos de lo que un ocio requeriría, pero nada preocupante..., por el momento...

Yo, mientras, comencé mi andanza con la cuarta consola de sobremesa de Sony jugando al excelente "The Last Of Us". Mi curiosidad empezó a agudizarse cuando, tras acabar el juego, la barra de progreso en el sistema de trofeos sólo ascendió a un humillante 7%. ¡Joder, y eso acabando el juego! Intrigado, me decidí a entrar en el detalle de los trofeos conseguidos: Un par de plata y una decena de bronces... Vale, habré quedado segundo dos veces y tercero diez; me pregunto contra quién. Ya inquieto, seguí buceando y me topé con los rastros de mi fracaso: todos los trofeos no conseguidos, a saber, "Busca la luz", "Todo estaba ahí", "Quiero hablar del tema", "Ya está"... Aquello me venía grande...

Luego, empecé a leer sobre el tema y descubrí que había trofeos "comunes", "raros", "muy raros", "ultra-raros"... Y que conseguir cada uno de ellos dependía del criterio de los diseñadores del juego: acabarlo en distintas dificultades, recoger coleccionables, matar enemigos usando sólo una mano,  descubrir el Santo Grial en un miércoles par... Todo muy funky, así, que volví a intersarme por la figura del "Caza Trofeos", esta vez ya en serio. Lo primero que pude descubrir es que no todos eran iguales y dependían de sus actitudes y aptitudes. La siguiente categorización me resultó bastante plausible: 


EL CAZADOR OCASIONAL: Este individuo no caza, se encuentra con las presas que, atemorizadas ante su estampa, se arrojan muertas a sus pies. 

Juega y los trofeos saltan; hasta que un día un videojuego de Telltale cae en sus manos y recibe su primer Platino... Ni corto ni perezoso, publica su proeza en foros y redes sociales para regocizo y disfrute de los cazadores más pro, amantes confesos del escarnio público del casual gamer. Algunos Ocasionales sufren la picadura de la víbora de la competitividad cazador y pueden saltar al siguiente escalafón de la jerarquía trofeística.
 
EL TRILERO: El Trilero, realmente, es un Cazador Ocasional que ha experimentado la Gloria de la consecución de sus primeros Platinos. 

No es especialmente habilidoso -o simplemente no está dispuesto a acometer las frecuentemente estúpidas tareas que el videojuego propone para considerarte merecedor del platino-, por lo que dedica sus esfuerzos a buscar "presas fáciles". Suelen defender la calidad de obras maestras como "Hannah Montana, la película", "EyePet" o "Ice Age 3" y es capaz de jugar el mismo juego en distintas plataformas, sin duda con la motivación de poder juzgar la obra en sus distintas representaciones.

EL ENGANCHAO PATÉTICO: Es un Trilero que quiere ascender en el escalafón y no duda en recurrir a cualquier artimaña para conseguir engrosar su lista de Platinos. 

El "Share Play" de Playstation le parece el mejor invento de la historia desde las Guías: no tener que invitar a amigos más habilidosos para que le consigan trofeos y poder acceder a este recurso a través de internet, no es sólo mucho más cómodo, sino que además supone un importante ahorro en cervezas y panchitos. No nos engañemos, estamos, como en el caso del Trilero, ante un aunténtico "Wannabe" 

EL TROPHY FUCKER: Nada se le pone por delante. Es el Cazador Alfa. Los juegos no son juegos: son retos, formas de realizarse y de trascender a la existencia, un objetivo al que dedicar tus esfuerzos, tu tiempo y ¡qué demonios!, tu vida. No se puede estar en este estadio jerárquico sin tener un mínimo de treinta platinos y que, al menos el 60% de ellos, se hayan conseguido con juegos calificados como de "alta dificultad".

Los juegos sin trofeos simplemente no son considerados dignos, aunque no hacen ascos a las "obras maestra defendidas por los Trileros" ya antes mencionadas (Hannah Montana, la película", "EyePet", "Ice Age 3" etcétera). Al fin y al cabo un Trophy Fucker tiene que saciar su sed, y no siempre hay en el mercado juegos que estén a su altura.

Tras categorizar a estos jugadores, seguí jugando. sin más y pronto me encontré con mi primer platino... casual, claro está. En mi caso fue Telltale, y su The Walking Dead Seasson One, quien me permitió debutar en el mundo de los trofeos de nivel. No le otorgué mucha más importancia, la verdad.

Pero el poder oscuro que habita en los trofeos se posó en mi subconsciente y esperó agazapado entre mis neuronas hasta que, en agosto de 2015, llegó su oportunidad. Fue merced al juego de Supermassive Games "Until Dawn", muy de  mi gusto y con importantes deudas estilísticas con las obras de Telltale. Quizás fue por estas similitudes por lo que me instinto de cazador se despertó (no olvidemos que Telltale me regaló mi primer platino). Conseguí una cuenta primaria offline (ya sabéis, jugar al juego desde una cuenta compartida desconectada de internet para huir de la Inquisición Candadoniana de Sony) y me enteré de que básicamente el platino se conseguía viendo los tres finales del juego: La partida normal, conseguir que todos los personajes sobrevivan y lo contrario, muerte masiva. El juego me gustó y lo disfruté mucho la primera vez. Vamos a por ese platino, ¡qué demonios! 

Pero, como diría un auténtico Trophy Fucker, "los platinos son cosa seria". Tras conseguir el segundo de los finales, me percaté de que había trofeos intermedios que no recordaba si había conseguido... No hay problema, iría a "Trofeos" en el menú de PS4  y lo comprobaría... ¡¡MIERDA, es una cuenta offline!!, ¡¡NO PUEDO VERLO!!, ...tranquilidad..., no creo que pase nada por conectar medio segundo el cable. Lo compruebo rápido y lo quito... ¿En serio?, tres segundos..., tres..., tres PUTOS segundos... y ahí estaba... el famoso candado..., ¡¡ME CAGO EN SU PUTA MADRE!!..., una cerveza..., ¡¡PIENSA!!..., un vino...¡¡CLARO!!, ¡¡PODÍA ALQUILARLO!!

En una acción propia del menos respetable de los idiotas, gasté 3€ en alquilar un juego que ya me había pasado dos veces... Volví a jugarlo de forma mecánica, asqueado, aburrido, sin apenas mirar a la pantalla y repitiendo escenas que me sabía de memoria... Y conseguí el platino... Until Dawn es, desde entonces, uno de los juegos de los que peor recuerdo guardo. Hasta aquí mis historial como cazador: nunca más.

Los trofeos/logros  quizás puedan tener su sentido, pero a mí me parecen una soplapollez de importantes dimensiones. Dicen sus defensores que sirven de motivación para el jugador, pero muy mal tienen que estar definidos los objetivos de un juego o muy poco interesante tiene que ser su trama para que el dibujo de una copita sea más motivador que lo planteado por su creador.  Otros dicen que alargan la vida de algún título; lo que faltaba, si ya no son suficientemente vagas las compañías estos últimos años como para encima darles esta (estúpida) coartada.

Esto es lo que es: un maldito ejercicio de exhibicionismo gamer, una práctica de ego-onanismo con luces y taquígrafos... Al fin y al cabo, esto ya lo hacíamos en mi cada vez más lejana adolescencia. No había mandos ni tareas estúpidas por en medio, sólo un grupo de amigos, una regla y unos penes en desarrollo. Por lo menos, conocíamos gente.


Texto: Guilletek
Fotografías y vídeos propiedad de sus respectivos autores.


jueves, 19 de noviembre de 2015

EL RINCÓN DE LA BILIS: Fallout 4, crónica de una decepción.

Partamos de un hecho: Fallout 3 se llevó parte de mi vida durante el otoño / invierno de 2008. Fue uno de esos juegos que supusieron un antes y un después en mi afición por esto del entretenimiento electrónico. Ya por aquel entonces, andaba yo lidiando con mis 34 primaveras -no era ningún jovencito- pero con todo, fue uno de esos productos que transcienden al momento en el que lo estás jugando..., que te dejan pensando, que,  en definitiva,  te marcan de algún modo. 

Te quiero, Geralt.
No sorprenderá a nadie, entonces, que Fallout 4 fuera uno de los juegos que más esperase en esta, para mí y hasta ahora, absolutamente decepcionante "nueva" generación. Sólo el soberbio The Witcher 3 ha conseguido encandilarme desde que mi "sonypleistaisioncuatrofordeplayers" acompaña mis tardes de asueto. La obra de CD Projekt RED me parece un prodigio narrativo y, mientras recorría a lomos de Sardinilla las montañas de las Islas de Skellige, no podía dejar de imaginar lo que sería incorporar algo así a la ambientación y la capacidad de inmersión del juego de Bethesda.

No quise ver vídeos,  ni leer avances del juego (también es cierto que no se publicó gran cosa) y, poco a poco, mi hype se fue alimentando de fantasías y elucubraciones de cosecha propia. En mi cabeza, el yermo se convertiría en el lugar en el que pasar mis horas y mis días hasta que Nathan Drake se encargara de blanquear mi mente con su probablemente palomitero Uncharted 4.

Y así llegó el 10 de noviembre de 2015, martes para más señas. El día D. Salí de trabajar con ese cosquilleo que sólo el estreno de algunos juegos producen y dispuesto a pasar la tarde paseando por el Boston post-apocalíptico prometido. Mi mujer trabajaba de tardes, las niñas en casa de sus abuelos, la cerveza estaba suficientemente fría... Tormenta perfecta. 

En un sentido homenaje a los cuarentones como yo y aquella época de las cargas en cinta de cassette, el juego decidió instalarse a su ritmo -pausado, por si no ha quedado claro-, antes de arrancar entre sus reconocibles menús de verde equisboxero. Bien, me gusta lo que veo. Tiempo para un estupendo editor. Nada, cuatro retoques rápidos y poco más... ¡QUIERO JUGAR YA!  

Sólo diré que hasta aquí llegaron mis alegrías. No voy a contar nada de su argumento, ni voy a analizar el juego en ninguna de sus facetas... De eso ya se encargará alguno de mis compañeros..., alguno que consiga acabarse el juego, alguno que haya podido disfrutar de este Fallout 4 que para mí se ha convertido en la gran decepción del año.

Y eso que estaba preparado para una buena ración de bugs made in Bethesda, si bien no esperaba tantos, cierto que ninguno muy grave, pero la acumulación de pequeños fallitos
¿en serio?, ¿en 2015?
me resultó bastante irritante. También era consciente de que el acabado gfico no iba a ser puntero..., pero no esperaba semejante despropósito. Y me da igual que el juego sea grande, The Witcher lo es y, aunque tiene sus fallos, no hace el ridículo de esta forma. El juego en exteriores luce bien, merced a un estupendo (eso sí) sistema de iluminación, pero los interiores, las texturas, las animaciones, los modelados, las caras... Horribles.


No obstante, estaba dispuesto a pasar por alto los bugs; no tanto el acabado gráfico puesto que me parece penoso, pero todo podía superarse si la jugabilidad estaba a la altura. Incluso ese sonido enlatado para las voces.

Pero todo iba de mal en peor, el primer bofetón -este ya sí insuperable- llegó en el momento en el que tuve que afrontar el primer diálogo. ¿Pero qué mierda es esta? ¿Una rueda con "titulares" de mis frases?, ¿esto qué es, Mass Effect?, necesito saber lo que voy a decir palabra por palabra, ¿cómo si no voy a saber si puedo molestar o no a mi interlocutor?, ¿cómo voy a saber si puede afectar a mi karma?, ¿cómo?, ¿qué?, ¿QUÉ NO HAY KARMA? No es posible... Si hay algo que me fascinó de Fallout 3 era esa sensación de tener que tener cuidado con lo que decías o hacías. Tu fama de "bueno" o "villano" te iba a preceder allá donde fueras, por lo que siempre había que hilar fino. Era algo parecido a lo que ocurre con las armas: hay que usarlas, pero con cuidado, ya que se desgastan y te pueden dejar en paños menores ante el más sencillo de los enemigos... Ah, ¿ahora tampoco hay desgaste de armas? Cojonudo.

Y, hablando de armas, ¿qué le han hecho a mi VATS? Los porcentajes no tienen sentido, con un 45% aciertas a distancia y con un 95% a un metro no. ¿Y qué es eso de la cámara lenta? No quiero un bullet time. Quiero el VATS, estático. Y es que tengo la sensación que Bethesda a querido shooterizar Fallout.  No han quitado el VATS por respeto a los fans,  pero han enfocado mucho más el juego hacia una mecánica de disparos en primera persona. Es justo reconocer que es eso han mejorado mucho, lástima que no me importe un carajo.

Las cosas mejoran -y mucho- cuando paseas por el yermo disfrutando de su hermosa y decadente ambientación, su nunca suficientemente elogiada selección musical y su indudable capacidad de inmersión..., siempre y cuando no te cruces con un NPC que te saque de tu idilio con la pantalla (qué puñetero desastre de modelados y de caras).  El añadido de los asentamientos tampoco me ha hecho gracia. El punto de convertirte en un Sim Nuclear tiene su aquel, pero entre que no sirve para nada y que la interfaz para colocar los muebles y los elementos es digna de un torturador, mejor obviar este apartado.

Pero lo peor de todo y lo que definitivamente me ha hecho abandonar el juego, es su absurda e infantil historia, su absoluta incapacidad para conseguir que la narrativa sea coherente entre las distintas micro-anécdotas que intentan adornar las misiones. No me interesa nada lo que cuentas, Bethesda. 

Me decía un amigo con el que comparto mi pasión por The Witcher 3, que la resaca del juego protagonizado por Geralt de Rivia -excelso en todo lo que significa o tiene que ver con la narrativa-, podría estar nublando mi juicio. No digo que no sea posible, pero sólo sé que si a mi amadísimo Fallout 3 le hubieran quitado su karma, sus excelentes y complejos diálogos, su sensación de tener que administrar los objetos, su estratégico VATS y, sus interesantes y a menudo políticamente incorrectas historias, hubiera pasado aquel ya lejano invierno de 2008 jugando al curling.

Texto: Guilletek
Fotografías y vídeos propiedad de sus respectivos autores.